Fecha: 15 de agosto de 2026
Distancia: 23,54 km
Tipo de ruta: Ida y vuelta
Desnivel positivo: 594 m
Desnivel negativo: 594 m
Altitud máxima: 1.301 m
Altitud mínima: 1.062 m
Dificultad: Moderado
Tiempo en movimiento: 6 horas 14 minutos
Tiempo: 6 horas 27 minutos
La idea inicial para esta jornada era bastante sencilla: salir desde Rinconada de Rioalmar y caminar sin más trascendencia, por los caminos que bordean Solana de Rioalmar, ascendiendo a los cerros del Cogote y de las Perdices. Pero al llegar a Solana, en los paneles de la plaza encontre dos rutas senderistas por la zona, que no puede resistir adaptar, y con la ayuda de unas simpáticas abejas en lo alto del Cerro Pelón, terminó siendo una doble circular que, entre otras cosas, me permitió acercarme hasta San Martín de las Cabezas para regresar posteriormente por la amable Vereda del Monte. En todo caso, hay que tener presente la existencia de estos panales en lo alto de este cerro, pensando en personas que tengan alergias o aprensión a estos insectos.
Vínculo a Wikiloc y mapa 3D:
Salgo temprano desde Rinconada, por la Calle del Río, buscando la cañada que conduce hacia el río Almar. El cauce se encuentra completamente seco y lo cruzo sin dificultad antes de continuar hasta el puente sobre el río Almar. Desde aquí avanzo hacia la linde entre los términos de Muñico y Solana, dejando a la derecha una antigua granja y tomando el camino que une Rinconada con Solana. Todavía está amaneciendo y el sol aparece bajo, grande y rojizo, justo cuando alcanzo la entrada de Solana de Rioalmar.
Solana se encuentra en el ámbito de la Sierra de Ávila, a unos 1.125 metros de altitud, en un territorio caracterizado por los campos de cereal, los pastos y los encinares. Su historia documentada se remonta al menos al siglo XIII, aunque los restos de antiguos asentamientos existentes en los alrededores apuntan a una ocupación mucho anterior. En la plaza se encuentran un verraco vetón y una estela funeraria procedentes del despoblado de Orihuelos, además del punto de información de las dos rutas locales: El Molino y El Cogote. Es allí donde, sobre la marcha, decido adaptar el recorrido para intentar aprovechar ambas.
Paso junto al Ayuntamiento y la iglesia de la Santa Cruz, construida durante el siglo XVI y originalmente situada extramuros, aunque el crecimiento posterior del pueblo terminó integrándola en el casco urbano. Desde la plaza tomo inicialmente la ruta del Cogote. Enseguida alcanzo un cruce de caminos donde confluyen distintos tramos circulares y hago un pequeño desvío hasta el alto del Montecillo. Desde esta loma aparecen las primeras panorámicas sobre el valle del río Almar, con el Cerro Gorría y los aerogeneradores al fondo, además de la localidad de Ortigosa.
Regreso al itinerario y sigo las balizas de la Senda del Cogote entre encinares. El terreno cambia poco a poco y el camino se interna en el monte de Solana, avanzando hacia el Cerro Pelao. Tal como está definida la ruta, en el alto del Cerro del Cogote, espero un panel informativo, unas estupendas vistas, y retornar por el mismo camino a Solana... El ascenso discurre por una zona bastante frondosa, entre encinas, hasta alcanzar el entorno de Valtuerto y el punto de información de la Ruta del Cerro Pelao. Aquí termina el tramo lineal señalizado, pero aparece un pequeño inconveniente: justo en el alto, y junto a la zona de la Jarilla hay varias colmenas y las abejas no parecen especialmente interesadas en facilitarme la visita. Buena declaracion de intenciones al senderista. La mejor opción es continuar rápidamente hacia delante, dejando incluso sin leer el panel informativo cuya existencia descubriría después, al revisar las fotografías.
Paradójicamente, las colmenas me obligan a modificar el itinerario para evitar pasar de nuevo por la zona, y termino entrando en uno de los sectores más agradables de la jornada. Continúo por una cañada entre encinares, en la zona de los Hornos, y tomo después una senda hacia San Martín de las Cabezas. El camino alterna encinas y campos de labor, pasando por Peña del Agua y junto a una pequeña laguna, antes de salir durante unos metros a la carretera AVP-620, en el entorno del Baldío del Santo.
San Martín de las Cabezas es una pequeña localidad de arquitectura rural castellana, vinculada tradicionalmente a la agricultura de secano y la ganadería. Destacan la ermita de San Martín y los restos del antiguo palacio del duque de la Roca. Tras recorrer el núcleo, tomo el Camino de Solana o Vereda del Monte, por la zona de El Barrero. Es una pista cómoda que avanza entre campos de cultivo y encinares, mientras a la derecha van quedando los cerros que acabo de atravesar. Más adelante, por la Vereda del Monte, abandono el término de Grandes y San Martín y entro nuevamente en Solana, pasando por Las Conejeras, el Esteparillo y la zona del Hocino. Una pequeña fuente, con apenas un hilo de agua, da origen al arroyo de las Cañuelas.
A partir de aquí comienza el ascenso al Cerro del Cogote. El último tramo obliga a abandonar progresivamente los caminos más definidos y avanzar por trochas y campo abierto hasta alcanzar el panel informativo situado en la cima. El Cerro del Cogote, con 1.301 metros, es el punto culminante de la ruta y uno de los principales miradores de Solana. Desde el vértice geodésico, situado a unos 1.302 metros, se contempla el contraste entre la Sierra de Ávila y la llanura cerealista de La Moraña. También aparecen el valle del río del Valle, Solana encajada en la falda del cerro, el Cerro Gorría y, en días despejados, las referencias de la Serrota y las estribaciones de Gredos. Hacia el norte, el paisaje se abre completamente sobre la Moraña.
El Cogote está además relacionado con restos atribuidos a un castro vetón y con una estructura pétrea de forma elíptica situada en las proximidades de la cumbre, además de pequeñas cazoletas excavadas en algunas piedras. Como curiosidad, en la cima se mantiene la tradición de un cuaderno donde los senderistas dejan constancia de su paso.
Desciendo por el sendero oficial y doy por terminada la Ruta del Cogote, pero todavía queda el segundo objetivo. Continúo hacia el Cerro de las Perdices y tomo una pista en dirección a Herreros de Suso, para desviarme después hacia el cerro. Tras superar una puerta para el ganado, el ascenso vuelve a hacerse por trochas y campo a través, junto a un murete. En la parte alta no consigo localizar un vértice geodésico propiamente dicho, aunque encuentro una vara metálica con una pieza de madera que parece cumplir esa función. El Cerro de las Perdices alcanza los 1.283 metros y ofrece nuevas vistas sobre el embalse del Milagro.
El descenso se realiza también por terreno poco definido, combinando trochas, senderos diluidos y algunos tramos campo a través. Una vez abajo toca regresar, intentando optimizar el recorrido por las pistas existentes. Rodeo la zona del Regajal y continúo por las áreas de la Nava y Las Perdices, hasta atravesar una era sin vallar y enlazar con otra pista que comunica Solana con la zona de Galleguillos. En Fuenteñoro tomo la pista hacia Valdefuente y Galleguillos, siguiendo después por el valle del Almar y pasando por la parte trasera de la Cuesta Pelada o Cerro de Rinconada.
El último tramo discurre junto a los restos de un antiguo refugio de pastores en Galleguillos, ya en la linde entre Solana y Muñico. Desde allí sigo una de las balizas de las Rutas de Ávila Este y entro nuevamente en Rinconada, pasando junto a la iglesia de Santa Lucía antes de dar por finalizado el recorrido.
En conjunto, salen 23,54 kilómetros, con 594 metros de desnivel. La distancia, unida al calor de agosto y a varios tramos de trochas y campo a través, hace que la dificultad sea moderada, aunque cercana a exigente. El ratio IBP sale 78.
Más allá de las cifras, la ruta permite conocer un territorio de transición entre la Sierra de Ávila y las llanuras de La Moraña, donde los caminos tradicionales, las cañadas, los encinares y los campos de cultivo siguen estructurando el paisaje. Esta ruta se enmarca en ese conjunto de recorridos de baja y media montaña que permiten ampliar la visión del Sistema Central hacia el oeste y descubrir una sierra abulense menos conocida, marcada por pequeñas elevaciones, antiguos caminos rurales y un importante patrimonio ganadero y agrícola.