Ruta 264 - Senda Maeso (La Pedriza), Arco de Cuchilleros, Yelmo, Lagunilla del Yelmo y garganta de la Camorza desde Manzanares el Real

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Fecha: 6 de enero de 2026

1 persona a pie

Distancia: 14,68 km

Desnivel positivo: 728 m

Dificultad técnica: Difícil

Desnivel negativo: 728 m

Altitud máxima: 1.613 m

Altitud mínima: 900 m

Tipo de ruta: Circular

Tiempo en movimiento: 5 horas 18 minutos

Tiempo: 6 horas 30 minutos


La finalidad de esta ruta es completar íntegramente la Senda Maeso, conocer el estado invernal de la Lagunilla del Yelmo tras las lluvias recientes y recorrer la Garganta de la Camorza para disfrutar del Manzanares y sus chorreras. Todo ello dentro de un itinerario circular exigente, buscando orientación soleada, evaluando las condiciones de frío, viento y hielo, y reafirmando el carácter técnico y montañero de la Pedriza anterior.




Adjunto vínculo a Wikiloc y mapa de la ruta:


https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/senda-maeso-la-pedriza-arco-de-cuchilleros-yelmo-lagunilla-del-yelmo-y-garganta-de-la-camorza-desde-246136048




Inicio esta ruta circular a primera hora de la mañana en el aparcamiento del centro de Manzanares el Real. Es enero y el termómetro marca valores negativos desde el primer momento. El frío es constante durante toda la jornada, y un viento fuerte y persistente, especialmente en las zonas altas. Aun así, elijo este recorrido por la Pedriza anterior buscando la orientación más soleada posible, sabiendo que encontraré placas de hielo en algunos puntos, pero también que el trazado es evidente y transcurre por senderos conocidos y bien marcados.




Desde el aparcamiento tomo la Calle Real y continúo por las calles de Los Llanos y Menéndez Pidal, atravesando el casco urbano. Poco a poco voy ganando altura y saliendo del pueblo hasta alcanzar el inicio de la Senda Maeso, en la zona de la urbanización del Yelmo. Aquí aparecen las primeras marcas blancas y amarillas del PR, señal inequívoca de que comienza uno de los recorridos más singulares de la Pedriza. Entro en el ámbito del Alcornocal, donde el paisaje empieza a cambiar de manera progresiva, con jaras, encinas dispersas y los primeros bloques de granito que anuncian lo que vendrá más arriba.




La senda gana altura con rapidez desde el inicio. El amanecer me sorprende ya caminando, con el cielo completamente despejado y una luz fría que resalta las formas de la roca. A mi espalda quedan Manzanares el Real y el embalse de Santillana, que se distingue con claridad desde los primeros claros del camino. Incluso desde la distancia se aprecia el fuerte oleaje provocado por el viento.




Alcanzo el Collado del Alcornocal, también conocido como Collado de la Cueva, tras superar los primeros kilómetros de subida constante. En este punto el paisaje se abre y aparecen algunos hitos reconocibles, como la conocida Cara de indio, que no debe confundirse con la más popular situada junto a la Cueva del Bandolero. Desde aquí las vistas sobre el embalse y el pueblo son amplias y limpias, y el collado funciona como un mirador natural desde el que se toma conciencia de la altura ganada. Es un buen lugar para detenerse unos minutos, aunque hoy el viento ya empieza a soplar con fuerza y no invita a paradas prolongadas.




Continúo por la senda, pasando junto al Caracol y el Candelabro, dos formaciones graníticas muy características que sirven de referencia visual. A partir de aquí el aire frío se vuelve más intenso y constante, obligándome a ajustar capas y proteger bien manos y cara. El camino sigue claramente definido, aunque comienza a introducirse en zonas más quebradas, alternando tramos de jaral cerrado con pasos entre grandes bloques de piedra.




Al llegar a la Gran Cañada, el entorno se vuelve más amplio y abierto. Sigo por la Senda Maeso, manteniendo siempre la referencia de las marcas y algunos hitos que ayudan a no perder el trazado. Aparecen formaciones como el Risco Ofertorio y el Mirador de Manzanares, desde donde el valle se muestra en toda su extensión. El viento aquí es tan fuerte que apenas permite asomarse con tranquilidad, obligando a mantener cierta distancia de los bordes y a caminar con atención.




Paso junto a la Chorrera de Vielena, que lleva menos agua de la que esperaba tras las últimas lluvias, aunque sigue siendo un punto interesante dentro del recorrido. Poco después alcanzo la Cueva del Chamán, que hoy dejo a un lado, siguiendo la senda por el exterior, aunque es posible atravesarla por dentro. El camino continúa hasta el Mirador del Caracolete y el propio Caracolete, una zona donde el terreno se complica ligeramente, con pequeñas trepadas y placas de hielo que obligan a extremar la precaución. En algún punto me salgo brevemente del sendero para evitar el hielo, algo a tener en cuenta si se sigue el track, aunque en general la trazada es clara y manejable. Este tramo final resume bien el carácter de la senda: pasos estrechos entre rocas, cambios constantes de dirección y la sensación de avanzar por un itinerario que exige atención, pero que recompensa con creces por su trazado y entorno.




Supero una pequeña cueva utilizada como vivac y alcanzo un collado, en donde surge una bifurcación. Si girase a la izquierda, accedería directamente a la pradera del Yelmo. Sin embargo, sigo de frente por el PR (lo que no tengo del todo claro ya si sigue siendo la Senda Maseo en este punto o no), hasta su cruce con el PR-M1.




En este punto, giro a la izquierda para iniciar el regreso por el PR-M1, la Senda de las Carboneras, en dirección al Yelmo. Poco después aparece el Arco de Cuchilleros, una de las formaciones más singulares de esta zona de la Pedriza, que siempre sorprende por su equilibrio y por el encuadre natural que ofrece del paisaje.




La subida continúa hasta alcanzar la pradera del Yelmo, uno de los lugares más expuestos al viento de toda la ruta, y en algún momento parece que el aire podría levantarte del suelo. Llama la atención no ver absolutamente a nadie, algo poco habitual en este punto tan concurrido. Desde aquí las vistas del Yelmo son magníficas, con su imponente cara sur dominando el entorno.




Tomo el desvío hacia la Lagunilla del Yelmo, abandonando temporalmente la Senda de las Carboneras. Este era otro de los objetivos claros de la ruta, ya que la última vez que estuve aquí, en noviembre, apenas era un pequeño charco. Hoy la imagen es completamente distinta: la lagunilla presenta un nivel de agua muy alto, con una fina capa de hielo en la superficie y un fuerte oleaje provocado por el viento. El contraste entre el agua, el hielo y el granito resulta especialmente llamativo y confirma que la visita ha merecido la pena.




Tomo un sendero que me permite retomar la Senda de las Carboneras, en dirección al Collado de la Encina. Desde este punto se obtienen buenas vistas de la Gran Cañada y de Manzanares el Real, así como una amplia panorámica del embalse de Santillana.




Al llegar de nuevo a la Gran Cañada, tomo el desvío a la derecha por el GR-10, siguiendo las marcas blancas y rojas. Dejo definitivamente la Senda de las Carboneras, que continuaría hacia El Tranco, y comienzo un tramo más relajado, con vistas hacia Peña Sirio, el Cordel del Ortigal y una amplia panorámica de Canto Cochino. Ya abajo, paso junto al puente sobre el Arroyo de la Majadilla, que no atravieso (me llevaría a Canto Cochino), y poco después alcanzo la unión de este arroyo con el río Manzanares.




Desde aquí la ruta cambia por completo de carácter. Sigo junto al cauce del río Manzanares, acompañándolo en su descenso. Aparecen las primeras cascadas y chorreras, alimentadas por las lluvias recientes, y el sonido del agua se convierte en el hilo conductor del tramo final. Paso por el Mirador de la Garganta de la Camorza, desde donde se aprecia con claridad el encajonamiento del río y la fuerza con la que desciende en este punto. El embalse de la Garganta y nuevas cascadas jalonan el camino hasta llegar a la zona de El Tranco, donde se encuentra el aparcamiento homónimo.




Continúo a la derecha por el sendero que discurre junto al río, disfrutando de pozas y chorreras que hacen este tramo especialmente agradable. Finalmente alcanzo el fin del camino, desde donde sigo por la acera de la Calle Tranco y la Avenida de la Pedriza hasta regresar al punto de partida, cruzando el puente sobre el río Manzanares. Desde aquí en adelante el regreso es rápido y sencillo hasta el aparcamiento del centro de Manzanares el Real, donde doy por finalizada esta ruta circular de algo menos de quince kilómetros y más de setecientos metros de desnivel positivo.

La Senda Maeso es mucho más que un simple itinerario dentro de la Pedriza. Representa una forma de entender la montaña en la Sierra de Guadarrama, heredera del guadarramismo clásico y del trabajo de divulgación de montañeros como Antonio Maeso, que supieron leer el terreno y trazar recorridos lógicos y respetuosos con el entorno. Su trazado, a veces evidente y a veces enrevesado, obliga a caminar con atención, a interpretar el paisaje y a asumir que en la Pedriza no todo es lineal ni cómodo. Esa es precisamente una de sus grandes virtudes y lo que la convierte en una senda imprescindible para quien quiera conocer de verdad este sector del parque.

La ruta, de carácter circular, combina tramos exigentes tanto física como técnicamente, especialmente en condiciones invernales como las de hoy. Es imprescindible llevar el track descargado en GPS o móvil, prestar atención al estado del terreno y ser consciente de que el viento y el hielo pueden cambiar por completo la percepción del recorrido. Aun así, todos los senderos están marcados y son fáciles de seguir con un mínimo de experiencia.

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