Ruta 273 - Circular por el Cerro Almodovar, Laguna de Ambroz, Parque de Vicalvaro desde Valdebernardo (Vicalvaro)

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Fecha: 14 de febrero de 2026

1 persona a pie

Distancia: 13,34 km

Desnivel positivo: 145 m

Dificultad técnica: Fácil

Desnivel negativo: 145 m

Altitud máxima: 720 m

Altitud mínima: 642 m

Tipo de ruta: Circular

Tiempo en movimiento: 3 horas 6 minutos

Tiempo: 3 horas 14 minutos


La finalidad de la ruta circular es enlazar a pie distintos espacios naturales y periurbanos de la zona de Vicálvaro, ascendiendo al Cerro Almodóvar y visitando la Laguna de Ambroz, y regresar al punto de inicio en Valdebernardo atravesando el Parque de Vicalvaro.




Adjunto el mapa de la ruta y el link de Wikiloc:


https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/circular-por-el-cerro-almodovar-laguna-de-ambroz-parque-de-vicalvaro-desde-valdebernardo-vicalvaro-250385591




Salgo desde la estación de metro de Valdebernardo un día despejado después de varias semanas de tiempo inestable. Desde allí me dirijo hacia la Biblioteca Pública Municipal Francisco Ayala, con un llamativo mural en la fachada, y continúo avanzando hasta cruzar el Parque Pavones por una pista de tierra. El terreno está todavía húmedo en algunos tramos.




Prosigo hasta cruzar la Avenida de la Democracia. El Parque Forestal de Valdebernardo se encuentra cerrado por alerta climatológica, así que lo bordeo siguiendo el itinerario previsto. Poco después alcanzo las proximidades de Faunia y continúo por el Parque Forestal de Valdebernardo Sur, que sí está accesible. Tomo una senda por las lomas en las proximidades de Faunia, un tramo cómodo que permite ganar algo de perspectiva sobre el entorno urbano que queda atrás.




Más adelante cruzo el puente sobre las vías del ferrocarril de la línea Atocha–San Fernando de Henares y entro en el Parque Forestal del Cerro de Almodóvar, por una zona donde predominan los pinares. Subo progresivamente hasta la zona alta del cerro, llegando a una meseta en donde hay varios puntos de interés. Comienzo por la zona sur, en donde hay un mirador natural desde el que se contemplan claramente Santa Eugenia y Villa de Vallecas, con el entramado urbano extendiéndose hacia el oeste.




Finalmente alcanzo la cima del Cerro Almodóvar, donde se encuentra el vértice geodésico (grafiteado, pero intacto), aproximadamente en el kilómetro 4,5 de la ruta. Este cerro se sitúa a unos diez kilómetros de la Puerta del Sol y constituye uno de los puntos más elevados del sur de Madrid, con una altitud cercana a los 725 metros. Se trata de un cerro testigo, un relieve residual modelado por la erosión, cuya forma permite comprender cómo era la antigua plataforma de la Meseta Central hace millones de años. La cima está formada por materiales más resistentes, mientras que las laderas presentan sedimentos más blandos, lo que explica su perfil característico. A pesar de la presión urbana que lo rodea, el cerro conserva una notable naturalidad. Predominan los pastizales y pequeños matorrales, con una flora diversa favorecida por la mezcla de suelos y litologías. Estudios botánicos realizados en la zona han inventariado centenares de especies vegetales, reflejando el carácter de transición ecológica del lugar. También es un enclave con interés histórico y arqueológico, con evidencias de ocupación humana desde el Paleolítico, restos visigodos y referencias a usos mineros y estratégicos en épocas posteriores.




Desde el mirador del Cerro Almodóvar, que está a unos 150 metros del vértice, contemplo Madrid en toda su extensión y, en los días claros como hoy, la línea de la Sierra de Guadarrama aparece nítida en el horizonte.




Tras disfrutar del lugar, continúo la marcha, descendiendo del cerro y seguir un pequeño tramo campo a través hacia el norte, en dirección al pinar de la Dehesa. Me interno en la Dehesa por una zona no vallada, y avanzo recto por una senda de tierra junto a la misma valla, en un tramo tranquilo, en donde era sobrecogedor no cruzarse con nadie en todo este tramo de la ruta.




Una vez que dejo atrás la Dehesa, el sendero pasa paralelo a la vía del ferrocarril, y se vuelve poco trazado en algunos puntos, obligando a prestar atención a la orientación, pero sin dificultad real. Más adelante alcanzo el acceso bajo la línea de ferrocarril, un paso algo estrecho que desemboca en un tramo de acera igualmente angosto. Continúo por la Avenida Gran Vía del Este hasta llegar a la estación de tren de Vicálvaro y la estación de metro de Puerta de Arganda, donde el entorno vuelve a ser claramente urbano durante unos minutos.




Retomo pronto el contacto con zonas verdes al entrar en el Parque Forestal de Vicálvaro, en la zona conocida como la Catalana. Sigo caminando hasta alcanzar la laguna del Parque Forestal de Vicálvaro, con mucha agua, como era de esperar.




Dejo el parque y paso bajo el túnel que atraviesa la Radial 3, bastante encharcado, un punto en el que el contexto cambia de manera clara. A partir de aquí el paisaje adquiere un carácter más abierto y periférico, y embotellado entre zonas de canteras y minería, y multitud de avisos alertando de innumerables riesgos para los que se aparten una micra del camino. Giro a la izquierda por una senda que bordea la zona de excavaciones, junto a un arroyo, y continúo después también a la izquierda por una cañada que conserva el aspecto de los antiguos caminos ganaderos.




Llego así a la Laguna de Ambroz, en el entorno del Juncal, dentro del conjunto de las Lagunas de Ambroz. Este humedal surgió tras el abandono de explotaciones mineras de sepiolita, cuando los huecos generados por la extracción se llenaron con agua procedente del nivel freático y comenzaron un proceso de renaturalización. Hoy constituyen un espacio de gran valor ecológico, con una notable biodiversidad que incluye numerosas especies de invertebrados, aves, mamíferos, flora y hongos. Desde el mirador natural de la laguna se aprecia bien este proceso, y resulta llamativo comprobar cómo un espacio transformado por la actividad industrial puede evolucionar hacia un ecosistema vivo.




Una valla limita el acceso a la laguna, por lo que solo queda contemplarlas a cierta distancia. Aun así, son un espectáculo. No puedo decir lo mismo del entorno que la rodea, un tanto descuidado y sucio en el momento de realizar la ruta. Continúo a la izquierda por el Camino de Ambroz, una cañada que va derivando primero en pista y después en una carretera de tierra. El terreno es cómodo y permite avanzar con buen ritmo.




De nuevo, cambia el contexto. Accedo al Parque Cuña Verde de Vicálvaro por su zona norte y sigo en dirección a la pasarela. Cruzo la pasarela sobre la Radial 3, desde donde se obtienen buenas vistas del Parque de Vicálvaro, y desciendo hacia el interior del parque. Paso junto al Anfiteatro de Lourdes y Mariano, ya en el Parque de Vicálvaro, un espacio amplio y bien acondicionado que a esas horas se encuentra tranquilo. Continúo hasta el Parque de la Maceta, cruzo la Avenida de Daroca y sigo recto por una senda junto a la valla. El recorrido mantiene un carácter sencillo y continuo, enlazando zonas verdes que permiten recorrer este sector de la ciudad prácticamente sin interrupciones.




El último tramo discurre por el Bulevar de Indalecio Prieto, siguiendo todo recto hasta el final de la ruta. El paseo resulta cómodo y sirve para completar la circular regresando progresivamente al punto de partida.




Este itinerario, más allá del interés puntual de cada lugar, refleja bien el papel de estas sendas y corredores verdes en la ciudad de Madrid y su conexión con el entorno del Parque Regional del Sureste. Constituyen espacios de transición entre la ciudad consolidada y los ámbitos naturales periféricos, permitiendo mantener corredores ecológicos, zonas de esparcimiento y áreas de observación del paisaje. Caminar por ellos ayuda a comprender cómo el crecimiento urbano convive con enclaves naturales y cómo estos itinerarios facilitan una movilidad a pie que enlaza barrios, parques y espacios de valor ambiental.

La jornada termina con la sensación de haber recorrido un territorio variado, donde se alternan cerros, pinares, lagunas, parques urbanos y antiguos caminos. La meteorología acompañó en todo momento, y la luz clara de este primer día sin lluvia en semanas permitió disfrutar de las vistas y del paisaje con nitidez.

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