Decidí acercarme a la zona de La Berzosa con la idea de repetir una serie de zonas que había hecho en verano por el entorno de Hoyo de Manzanares. Entonces el paisaje estaba completamente seco, con arroyos sin agua y charcas reducidas a simples depresiones de tierra agrietada. Las precipitaciones de las últimas semanas habían cambiado por completo el panorama y, tras ver algunas rutas de compañeros que mostraban cascadas activas y arroyos con caudal, me animé a volver. El principal objetivo era comprobar el estado de la Cascada del Covacho y de la Charca de las Ranas, dos puntos que en verano estaban completamente secos. El resultado cumplió con creces lo esperado, aunque la jornada también obligó a improvisar sobre la marcha debido al estado de los arroyos, especialmente el Peregrino, que bajaba con mucha más agua de la prevista.
Adjunto el mapa y el vínculo de Wikiloc:
La ruta comienza en el aparcamiento junto al Parque de la Berzosa, donde hay un punto de información de las rutas de Hoyo de Manzanares. Me incorporo al Camino de Galapagar en la zona conocida como El Gollizo, una comoda cañada, y sigo hacia el oeste. El terreno ya muestra señales evidentes de la humedad acumulada: suelo blando, pequeñas escorrentías y charcos que obligan a elegir bien por dónde pisar.
Cruzo el pequeño murete y sigo recto pero hoy el arroyo Peregrino no se puede vadear. El caudal es demasiado alto. No queda más remedio que desandar ese último tramo y tomar el desvío que conduce hacia el Puente del Arroyo Peregrino, lo que permite retomar el itinerario, aunque el nuevo trazado obliga a atravesar varios arroyos menores que también tienen su enjundia. Esta zona de vadeos resulta la más delicada de toda la ruta. Primero vadeo el arroyo de las Lanchas de Castilla. Poco después cruzo otro arroyo, cuyo nombre desconozco, que también confluye con el Peregrino. El siguiente es el arroyo del Cuchillar. Finalmente alcanzo el puente sobre el arroyo de Peregrinos, situado aproximadamente en el tercer kilómetro de l ruta, donde el paso resulta cómodo y seguro. A partir de aquí giro a la derecha y retomo el itinerario previsto inicialmente.
El camino conduce hacia las casas en ruinas de Cerrulén, un conjunto de edificaciones abandonadas que recuerdan antiguos usos agropecuarios de la zona. Continúo recto y, tras un cambio de sentido, dejo de avanzar hacia el norte para orientarme al este, siguiendo un trazado paralelo al cordal, con el Cerro Mirete al frente. El paisaje alterna zonas abiertas con pinares, y el terreno, aunque húmedo, permite caminar con buen ritmo.
Avanzo bajo los pinares, junto al Cerro Lechuza, hasta encontrar a la izquierda la senda que conduce hacia la Cascada del Covacho. Para llegar a ella es necesario vadear el arroyo de Peña Herrera. La cascada presenta un caudal notable, cayendo con fuerza entre las rocas. El contraste con la visita veraniega es evidente; donde antes apenas había un roquedo seco, ahora hay una imponente cascada. Permanezco un rato observando el lugar antes de continuar.
De regreso al camino principal, vadeo el arroyo de Peñaliendre, donde en esta ocasión hay unas pisaderas que facilitan el cruce. Poco después paso junto a la Casa del Monte, una pequeña caseta forestal que marca otro de los puntos característicos del recorrido. Más adelante aparece un mirador natural desde el que se obtiene una buena panorámica de la Sierra de Hoyo de Manzanares, con la Loma del Cuchillar y el Cerro del Alcornoque destacando en primer plano.
Sigo recto, bordeando una valla, y después giro a la izquierda hasta alcanzar el Alto de los Lanchares, aproximadamente en el kilómetro 8. Desde aquí la ruta habitual suele girar a la derecha para regresar al aparcamiento, pero en esta ocasión decido alargar el recorrido y cambiar de zona, dirigiéndome hacia el área de la Cruz del Pan.
El itinerario desciende hacia el parking de Hoyo de Manzanares, pasando por la ladera del Picazo y junto a un depósito del Canal. Giro a la derecha, bordeando la localidad, y continúo por un sendero que discurre entre propiedades. Durante unos metros camino por la acera de la carretera de la Berzosa antes de tomar, a la izquierda, una senda que asciende hacia el monte de Los Altillos.
Al alcanzar la cima de Los Altillos giro a la izquierda en dirección a la Cruz del Pan. El terreno alterna zonas de jarales con claros desde los que se amplía el horizonte. Paso por la zona conocida como las Machorras; si continuara recto llegaría a los antiguos platos de Golden City, un lugar curioso por su historia, pero hoy el recorrido no pasa por allí. Giro a la izquierda y continúo hasta la cima de la Cruz del Pan, situada en torno al kilómetro once de la ruta.
Desde este punto las vistas son amplias y variadas. Se distingue el Palacio de Canto del Pico, la zona de Torrelodones y, al fondo, El Escorial iluminado por algunos claros del cielo. También se aprecia el valle de Cuelgamuros, las Machotas, la parte occidental de la Sierra de Guadarrama y, en primer plano, toda la alineación de la Sierra de Hoyo.
Desde la Cruz del Pan continúo hacia la derecha, bordeando la zona de Canto Mocho para dirigirme a la Charca de las Ranas. El acceso se realiza por una cañada que desciende suavemente. Al llegar, en torno al kilómetro doce, el cambio respecto al verano resulta evidente. La charca presenta una lámina de agua amplia y un ambiente completamente distinto al de meses atrás, cuando no era más que una explanada seca.
Después de bordear la charca, giro a la derecha y vadeo el arroyo de la Berzosa. A continuación tomo el camino que asciende hacia la ladera de El Mesto, alcanzando el Mirador de la Berzosa, donde hay un panel informativo y una pequeña zona de descanso. Un poco más adelante se encuentra el mirador natural, situado sobre un canchal, que ofrece probablemente las mejores vistas de toda la zona. Desde allí se distingue claramente la loma por la que discurre el tramo final hacia el punto de inicio.
La senda continúa con un giro a la izquierda y después a la derecha, hasta alcanzar la carretera de la Berzosa. Recorro unos metros por ella hacia la izquierda y regreso al punto de partida, cerrando la circular.
Este recorrido permite entender bien la singularidad de la Sierra de Hoyo dentro del conjunto de la Sierra de Guadarrama. Aunque geológicamente forma parte de ella, la separación física y la menor altitud generan un paisaje propio, con dehesas, pinares y arroyos estacionales que adquieren especial protagonismo tras periodos de lluvias. Las sendas que recorren este territorio no solo conectan miradores y puntos de interés, sino que también muestran la relación entre el relieve granítico, la vegetación mediterránea y el régimen irregular de precipitaciones que caracteriza esta zona de transición entre la sierra y la meseta.
