Fecha: 4 de abril de 2026
1 persona a pie
Distancia: 24,13 km
Desnivel positivo: 1.366 m
Dificultad técnica: Muy difícil
Desnivel negativo: 1.366 m
Altitud máxima: 1.993 m
Altitud mínima: 900 m
Tipo de ruta: Circular
Tiempo en movimiento: 9 horas 38 minutos
Tiempo: 12 horas 26 minutos
Se trata de una ruta dura, con continuas trepadas y destrepes, fuertes desniveles y pasos donde la orientación puede resultar compleja. A ello se suma la ausencia de fuentes, lo que obliga a gestionar bien el agua, y la necesidad de afrontarla en días largos y con condiciones favorables, evitando humedad, nieve o hielo, que multiplicarían la dificultad. Existen distintas variantes de la integral, especialmente a partir del Collado de la Dehesilla, donde algunos optan por descensos más directos hacia el Tolmo o junto al Yelmo por la Senda de las Carboneras.
Adjunto el vínculo a Wikiloc y mapa 3D de la ruta:
Más allá de la exigencia física, la integral ofrece un recorrido único por uno de los conjuntos graníticos más singulares de la península. Un paisaje de formas caprichosas, riscos emblemáticos y pasos intrincados que obligan a avanzar con atención constante. No es una ruta convencional, sino un continuo rompepiernas, pero que recompensa con una visión completa de este espacio excepcional dentro de la Sierra de Guadarrama.
Salgo desde el aparcamiento municipal, junto a la Plaza del Ayuntamiento de Manzanares el Real a las siete de la mañana, todavía en penumbra. Avanzo y sigo por la Avenida de la Pedriza. Aprovecho este primer tramo para ganar metros sin desgaste, siguiendo el curso del río Manzanares en una zona completamente iluminada. Llego al aparcamiento del Tranco, donde abandono la avenida y enlazo con el PR-M1 y el GR-10 para internarme en la Garganta de la Camorza. El terreno cambia progresivamente, y el río marca el paso. Amanece sin haber tenido que encender la luz frontal, y la claridad va descubriendo las primeras formas graníticas. Paso por el Mirador de la Garganta de la Camorza, junto a La Foca y continúo hasta el puente de Canto Cochino sobre el Manzanares, donde cruzo hacia uno de los puntos más frecuentados de la Pedriza, con la presencia cercana de la Peña Sirio y la Tortuga.
En Canto Cochino alcanzo el centro de visitantes y la encrucijada clásica. Aquí confluyen varias opciones: remontar hacia la Charca Verde por el PR-M18, seguir por la Autopista hacia el Refugio Giner por el PR-M2 o continuar por el PR-M1, que será mi referencia durante toda la integral. Como no puede ser de otra manera, opto por este último, ya con marcas blancas y amarillas bien visibles en este primer sector, recientemente repintadas y fáciles de seguir hasta el Collado del Miradero. En el mirador de la Charca Verde observo la cuenca alta del Manzanares, y dejo a la derecha el desvío hacia El Cáliz y el Cancho de los Muertos. Me cruzo con un macho cabrío que apenas se inmuta.
El Collado Cabrón marca un punto de inflexión. A partir de aquí la ruta deja de ser senderismo al uso. Desayuno rápido antes de continuar. El terreno se vuelve irregular, con bloques de granito, trepadas continuas y una orientación que obliga a estar atento. Desde un punto elevado observo La Vela, el Pajarito, el Galisol y el Castillete, anticipando el siguiente tramo. El canal del Pajarito comienza de forma abrupta, con pendiente fuerte y grandes bloques. Es un ascenso físico, continuo, donde cada apoyo cuenta. Supero el paso del Pajarito y alcanzo su parte alta con vistas amplias del valle. Paso junto a La Campana y continúo hacia el collado de la Canaleja, donde otra trepada obliga a emplear las manos.
El paso junto al Perro precede a un breve respiro en el collado del Carro del Diablo. La entrada en una zona de pinares ofrece un alivio momentáneo hasta alcanzar el collado de la Romera. Aquí aparecen elementos reconocibles como la Diligencia y el primer paso bajo roca. La ruta continúa por la cuerda de las Milaneras, otra sección exigente donde el desnivel vuelve a hacerse notar. Paso junto a un desvío poco evidente hacia el Puente de los Poyos y encaro el canal de subida al Cancho Centeno. En la parte alta, el diedro equipado con seis grapas facilita un paso que en otro tiempo resultaba comprometido.
Alcanzo los Tres Cestos y continúo bordeando las Milaneras. La senda se une con la que asciende desde la Charca Verde y la cascada del Chivato, ofreciendo una panorámica amplia de la Cuerda Larga, con Cabeza de Hierro Mayor y la Loma de Pandasco dominando el horizonte. El collado del Miradero aparece como otro punto clave, donde se cruzan caminos: a la derecha, el descenso rápido por el PR-M2 hacia Canto Cochino; a la izquierda, la conexión con la Cuerda Larga. Aquí hago una pausa para almorzar, consciente de que aún queda mucho recorrido.
Continúo hacia Las Torres de la Pedriza, un conjunto espectacular que hoy observo sin detenerme demasiado. Paso por el Portacho de los Gavilanes, un entorno granítico que invita a detenerse, con vivacs dispersos entre las rocas. La panorámica de la Pedriza Posterior es amplia, abierta, y permite comprender la magnitud del terreno que se recorre en esta integral. En esta segunda parte de la ruta, y hasta el Collado de la Dehesilla, las marcas escasean, estan muy desgastadas, y parecen estar más orientadas al sentido atihorario, o esa sensación me daba.
La aproximación al Risco del Ventanillo introduce un nuevo tramo técnico. Supero este punto y continúo hacia la Esfinge y el collado de los Hoyos. El callejón de las Abejas y el Risco del Puro obligan a prestar atención: el paso subterráneo es algo oculto, pero en este sentido resulta más intuitivo que viniendo del sur, en donde es facil saltarselo y tener que pasar por la zona más expuesta. Me quito la mochila para atravesarlo con comodidad, evitando la alternativa expuesta que puede resultar peligrosa.
Alcanzo el collado de la Ventana, con el Cerro de los Hoyos y el Risco del Nevazo en las inmediaciones. La aproximación al Risco de la Ventana y la cercanía del Risco de los Buitres aportan vistas de otro planeta. El Cancho de la Herrada y la Pared de Santillana aparecen poco después, una zona frecuentada por escaladores. Desde el mirador de la Pared de Santillana hago una pausa breve antes de continuar por otro paso subterráneo, donde ya es habitual encontrar más gente.
El Mogote de los Suicidas queda atrás mientras avanzo hacia la Bola de Navajuelos. Este tramo combina pinares y granito en un equilibrio que suaviza la dureza acumulada. Los pasos subterráneos se suceden, algunos estrechos, obligando de nuevo a quitarse la mochila. El collado posterior marca el inicio del descenso por el canal de Mataelvicial, largo, empinado y exigente para las piernas, que ya acusan el desgaste.
En la parte baja paso junto al risco de Mataelvicial y atravieso un paso entre el obelisco inclinado del Torro y el risco de las Llamas. El siguiente paso subterráneo es más sencillo y está bien señalizado. El collado de la Dehesilla aparece como un punto de descanso lógico. Aquí coincido con más montañeros y aprovecho para una última parada técnica. Las vistas hacia el Hueco de Coberteros y el Berrueco acompañan este momento.
Desde la Dehesilla continúo por el PR-M1, ascendiendo por la base de los Fantasmas y cruzando al otro lado de la loma. Paso junto a las Cuatro Damas y Cara, siguiendo el cordal del Ortigal. Las vistas hacia el embalse de Santillana y el Cerro de San Pedro marcan el cambio de orientación. Dejo atrás un desvío hacia las Pirámides de la Pedriza y alcanzo el Risco del Acebo.
En el Arco de Cuchilleros giro a la izquierda por el cordal del Ortigal, evitando el camino recto por la Senda de las Carboneras, que me llevaría a la Pradera del Yelmo. Entro en una zona de jarales y, con casi veinte kilómetros acumulados, inicio la Senda Maeso en descenso. El Yelmo queda a la derecha, visible pero ya fuera del recorrido.
Paso junto a un vivac, el Caracolete y la Cueva del Chamán, sin necesidad de internarme en ella. El Mirador de Manzanares, junto a la chorrera de Vielena prácticamente seca, anuncia el tramo final. Cruzo la Gran Cañada, donde podría desviarme hacia el GR-10 o Canto Cochino, pero mantengo el rumbo por la Senda Maeso.
El risco Ofertorio ofrece una de las mejores vistas finales hacia el pueblo, el castillo de los Mendoza y el embalse. Continúo junto al Candelabro y el Caracol, descendiendo hacia el collado de la Cueva, próximo a la Cueva del Ave María. Ignoro el desvío hacia El Tranco y sigo recto por la Senda de la Rinconada.
El sendero pierde altura de forma progresiva hasta alcanzar el tramo urbano. Las calles Los Panaderos, Las Peñas y Menéndez Pidal conducen de nuevo a la plaza del Ayuntamiento, donde termina la integral en el mismo punto de inicio, ahora con ambiente y movimiento.
El PR-M1 no es solo un itinerario señalizado, sino una de las espinas dorsales de la Pedriza, uniendo sectores muy distintos del macizo y permitiendo recorrerlo en continuidad. Su trazado refleja la complejidad del terreno y la necesidad de una señalización constante en un entorno donde la orientación puede resultar complicada. Es una senda que exige respeto, preparación y conocimiento, pero que a cambio ofrece una visión completa de uno de los espacios más singulares de la Sierra de Guadarrama.