Ruta 297 - Circular por los montes escurialenses, las Machotas, Cruz Verde, Cerro de la Cabeza y Puerto de Malagón desde el Bosque De La Herrería

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Fecha: 19 de abril de 2026

2 personas a pie

Distancia: 20,99 km

Desnivel positivo: 1.062 m

Dificultad técnica: Moderado

Desnivel negativo: 1.062 m

Altitud máxima: 1.676 m

Altitud mínima: 947 m

Tipo de ruta: Circular

Tiempo en movimiento: 6 horas 36 minutos

Tiempo: 7 horas 59 minutos


La finalidad de la ruta es recorrer de forma completa y exigente el entorno de San Lorenzo de El Escorial, enlazando el Bosque de la Herrería, y por el GR-10, las Machotas (Machota Baja y Pico del Fraile), Collado de las Majadillas, la Cruz Verde y el cordal del Cerro de la Cabeza hasta Malagón. En el regreso pudimos disfrutar el Hayedo escondido de Abantos en su fase primaveral, dejando unas estampas increibles. Fue una circular que nos permitió disfrutar de miradores destacados, cumbres representativas y contrastes de paisaje, combinando tramos históricos y naturales.




Adjunto vínculo de Wikiloc y mapa de la ruta:


https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/circular-por-los-montes-escurialenses-las-machotas-cruz-verde-c-de-la-cabeza-y-pto-de-malagon-desde-260170838




Salimos desde el parking del Bosque de la Herrería en una mañana inusualmente calurosa para abril, lo que obligaba a medir bien el agua desde el inicio. Nada más arrancar pasamos junto al Crucero que antecede a la Ermita de la Virgen de Gracia. Abandonamos la carretera para internarnos en el Bosque de la Herrería, pasamos junto a la Fuente de la Prosperidad, donde una senda bien marcada nos conduce en ascenso, buscando enlazar con el GR-10 antes de alcanzar la zona de la Silla de Felipe II. El terreno alterna tramos cómodos con otros algo más pedregosos. Conectamos con el GR-10, ese gran itinerario que cruza la península de este a oeste, señalizado con las clásicas marcas blancas y rojas. Lo seguiremos con claridad hacia el collado de Entrecabezas, pasando antes por el mirador de El Escorial y la conocida Silla de Felipe II. Este tramo inicial, es una gozada, en pleno Bosque de la Herrería, por unas sendas que parecen sacadas de un cuento.




Una vez en el Mirador de la Silla de Felipe II, disfrutamos de las vistas del monasterio y del cordal que vamos a recorrer. La Silla de Felipe II es un conjunto de plataformas y asientos labrados en un canchal de granito situado a los pies de Las Machotas, en San Lorenzo de El Escorial. Tradicionalmente se ha considerado un mirador utilizado por Felipe II para supervisar las obras del monasterio en el siglo XVI, aunque esta versión presenta dudas por la distancia y el ángulo de visión. Las investigaciones más aceptadas apuntan a un origen mucho más antiguo, posiblemente como altar prerromano de los vetones, vinculado a rituales y sacrificios, apoyado por hallazgos arqueológicos cercanos. El enclave se sitúa en un entorno protegido, dentro del Pinar de Abantos y La Herrería, a unos 2,5 km del casco urbano, con amplias vistas del monasterio y su entorno. El conjunto está formado por varias plataformas y asientos esculpidos en la roca, algunos con escaleras talladas, destacando una orientación hacia el norte. Además de su valor histórico, es uno de los miradores más visitados de la zona, rodeado de un bosque diverso con especies como melojos, arces, castaños y cerezos silvestres.




Unos pocos metros más adelante, llegamos al mirador de la Casa del Sordo, que amplía la perspectiva a la zona de Madrid, y el embalse de Valmayor. Seguimos por el GR10 en dirección a las Machotas, siempre visibles, y su campamento base por excelencia, el Collado de Entrecabezas. La subida es rápida y directa, siempre siguiendo las marcas del GR-10.




Una vez en el collado de Entrecabezas, tomamos primero la opción de la izquierda para afrontar la subida a la Machota Baja. Es un tramo que, aunque en esencia es lineal, tiene cierto carácter circular en su parte intermedia, al rodear al segundo de los ermitaños. La senda asciende entre roquedo y vegetación baja, guiada por hitos, hasta alcanzar un mirador natural desde el que ya se intuye el vértice geodésico, al que subimos. Las vistas hacia El Escorial, las propias Machotas y la llanura madrileña justifican la subida. En la cima de la Machota Baja, a 1.404 metros, encontramos además algunos vivacs que dan idea de su uso como punto de pernocta ocasional. Tras disfrutar del lugar, regresamos al collado de Entrecabezas para continuar la circular.




De nuevo en el collado, ahora tomamos la dirección contraria, superando una portilla y ascendiendo hacia la Machota Alta y el Pico del Fraile. La subida es progresiva, con buenas vistas hacia atrás del collado y la Machota Baja.




Alcanzamos el Pico del Fraile, a 1.452 metros, y desde ahí afrontamos una bajada intensa entre jaras y piornos que exige atención hasta llegar al Collado de las Majadillas, donde cruzamos otra portilla.




El terreno se abre y nos conduce hacia el Puerto de la Cruz Verde, a 1.259 metros. Tomamos una senda que sale del propio puerto y discurre paralela a la carretera de Ávila, manteniendo una traza cómoda hasta las inmediaciones del Alto de la Paradilla. Atravesamos varias portillas de control de ganado y pasamos bajo el mirador dedicado a Ángel Nieto, que está a la altura superior de la carretera, un punto de recuerdo del mítico motorista.




Llegamos a Robledondo, donde tocamos brevemente la carretera antes de desviarnos de inmediato a la derecha por una pista forestal, el conocido Camino de la Cancha, que recorre el cordal hasta el Puerto de Malagón. Tras pasar por una zona de picnic, abandonamos momentáneamente la pista para subir al Cerro de la Cabeza por una senda que discurre junto a un muro que delimita el cordal. La subida es sostenida y, con el calor acumulado, se deja notar un extra de dureza. Alcanzamos primero el mirador y después la cima del Cerro de la Cabeza, a 1.675 metros, punto más alto de la jornada y con amplias vistas sobre todo el Valle, con el Monasterio en el centro, y todas las cumbres que hemos recorrido, así como gran parte de la Sierra de Guadarrama y Madrid. Espectacular.




Retomamos el Camino de la Cancha en dirección al Puerto de Malagón. Al llegar al Alto de Malagón, a 1.656 metros, descartamos continuar hacia Abantos, que habría sido otra opción interesante, pero se nos hacía tarde, y el calor apretaba, por lo que para bajar a la zona de San Lorenzo del Escorial, giramos a la derecha para tomar el Camino de los Gallegos. Este tramo cambia completamente el paisaje, y de que manera. Aparece el llamado hayedo escondido en su fase primaveral, una rareza en la zona que aporta un contraste notable. La vegetación aquí es más fresca y umbría, y se agradece tras tantas zonas expuestas. A lo lejos se intuye la Fuente del Trampalón.




Pasamos junto a una pequeña cueva refugio y alcanzamos el Mirador de los Alerces, otro buen punto para detenerse unos minutos. El descenso continúa atravesando el hayedo en su parte baja, igualmente vistoso en esta época del año. Llegamos a la Fuente de Santiago Arroyo, donde el camino pasa a denominarse Camino del Silencio. Desde aquí iniciamos la bajada hacia la base de la presa del Embalse del Romeral, entrando en un entorno urbano.




Junto al embalse alcanzamos la Ermita de San Antonio Abad y, más adelante, seguimos por el Paseo de Carlos III para acceder a La Herrería (declarado Paraje Pintoresco en el año 1961 y propiedad de Patrimonio Nacional) a través de un acceso con dos columnas: estamos en La Cuesta de los Pastores, un camino flanqueado por árboles que nos devuelve hacia el Pinar de Abantos y el Bosque de la Herrería. En este tramo encontramos el conocido Árbol del Amor, un ejemplar de cercis siliquastrum especialmente llamativo en primavera por su floración rosada, convertido ya en un pequeño símbolo local. El Bosque de la Herrería vuelve a envolver el recorrido en sus encinas y fresnos, cerrando el círculo hasta el punto de inicio. Es un entorno protegido que actúa como transición entre la sierra y el núcleo urbano de San Lorenzo, y que conserva un valor ecológico y cultural notable.




Este tipo de itinerarios, que combinan senderos tradicionales, grandes recorridos como el GR-10 y caminos históricos, ponen en valor la red de sendas de la Sierra de Guadarrama. No solo permiten conectar distintos ecosistemas y puntos de interés, sino que también ayudan a ordenar el tránsito de senderistas, reduciendo el impacto y facilitando la conservación de un entorno muy frecuentado. La ruta, con sus casi 21 kilómetros y más de mil metros de desnivel positivo, se hace exigente, especialmente en días de calor como el que nos tocó. Aun así, la variedad de paisajes y la sucesión de hitos hacen que el recorrido sea muy completo y entretenido en todo momento.

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