Fecha: 23 de noviembre de 2025
1 persona a pie
Distancia: 7,18 km
Desnivel positivo: 7 m
Dificultad técnica: Moderado
Desnivel negativo: 7 m
Altitud máxima: 532 m
Altitud mínima: 522 m
Tipo de ruta: Circular
Tiempo en movimiento: una hora 53 minutos
Tiempo: 2 horas 11 minutos
La finalidad de la ruta es recorrer sin prisa el entorno del Soto de las Juntas, siguiendo la ribera del Manzanares y el Jarama y bordeando la laguna para observar su biodiversidad, conocer sus observatorios y disfrutar de un espacio restaurado que muestra el valor ecológico del Parque Regional del Sureste.
Adjunto el vínculo a Wikiloc y el mapa de la ruta:
A las ocho de la mañana llego al aparcamiento del Soto de las Juntas. Día frío y limpio de nubes. Cruzo la barrera que da paso a la zona protegida, y a los pocos metros observo la señalización que marca el inicio de las dos sendas principales del lugar: la Senda de las Riberas, identificada con flechas rojas, y la Senda de las Lagunas, marcada con flechas azules. La primera describe un recorrido más amplio bordeando los cursos de de los ríos Manzanares y Jarama; la segunda se concentra en la laguna y en sus observatorios de aves. Seguiré la de las Riberas durante la mayor parte de la ruta, pero también la de las Lagunas que se irá cruzando conmigo en diferentes tramos.
Inicio el camino avanzando por la pista principal. A los pocos minutos llego al punto donde comienza la parte circular, que puede recorrerse en ambos sentidos. Opto por seguir la dirección recomendada oficialmente, tomando el desvío hacia la derecha para continuar por la Senda de la Ribera en el tramo del Manzanares. Avanzo hasta pasar junto a la estación automática de alerta de la calidad del agua.
Pronto aparece ante mí vistas amplias del río Manzanares, todavía cubierto por una fina neblina que asciende en forma de vapor. No es un fenómeno extraño en mañanas tan frías junto al agua, pero siempre resulta llamativo ver cómo la superficie del río respira en silencio. Un poco más adelante alcanzo el Chopo de Don Sergio, un árbol singular que, pese a su presencia destacada, muestra signos evidentes de decadencia. Da algo de pena ver cómo se inclina ligeramente y cómo parte de su corteza parece haber cedido al paso del tiempo.
Desde este punto giro a la izquierda para avanzar por el tramo situado entre la ribera del Manzanares y la laguna del Soto de las Juntas. En el kilómetro 1.8 llego finalmente a la laguna. Como ya sabía por información previa, su origen es antrópico, fruto de antiguas extracciones de áridos, pero con el paso de los años se ha convertido en un humedal consolidado, alimentado por aguas subterráneas y la lluvia. Los observatorios de aves están perfectamente integrados en el entorno, así que decido detenerme un rato en los dos primeros, uno tras otro.
Desde estos puntos miro con calma la laguna. Puedo identificar garzas, cigüeñas, ánades, gansos y otras aves acuáticas que no sabría nombrar con precisión. El movimiento es constante: algunas levantan el vuelo, otras se desplazan entre la vegetación palustre y otras simplemente flotan sin aparente prisa. La laguna es un centro de actividad silenciosa que engancha fácilmente al visitante. Tras pasar por los dos primeros observatorios, continúo por la senda de la ribera. A la izquierda se separa la Senda de la Laguna, mientras yo sigo avanzando guiado por las flechas rojas. A mi derecha, tras el curso del río, identifico el Peñón del Toro, un relieve característico que sobresale entre la vegetación.
En un punto del recorrido decido dejar la pista oficial y tomar un sendero menos evidente que continúa pegado a la ribera. Las hojas caídas lo cubren casi por completo, lo que dificulta seguirlo, pero el esfuerzo merece la pena. El ambiente en este tramo es más íntimo, con el sonido del agua acompañando en todo momento. Entre las ramas aparece una cabaña de palos, una estructura improvisada que se mimetiza con el entorno. El sendero continúa casi escondido entre las hojas hasta desembocar en un punto especialmente atractivo: un tronco caído colocado de forma natural como si fuera un banco, reposando sobre una alfombra espesa de hojas secas. Me detengo aquí unos minutos. Es el lugar donde se encuentra la unión del Manzanares y el Jarama, en la zona del Embalse del Rey.
Continuo hacia la derecha por un sendero estrecho que se mantiene pegado a la ribera, ya del Río Jarama. Finalmente retomo la pista oficial, volviendo a la senda marcada. Desde aquí se aprecian buenas vistas del Embalse del Rey y del río Jarama, que avanza con mayor caudal que el Manzanares. Unos metros más adelante se incorpora por la izquierda el camino procedente de la Senda de la Laguna. Desde aquí ambos recorridos se unen en una sola senda que avanza de nuevo hacia la laguna.
Aprovecho este tramo para acercarme a otros observatorios situados en el margen opuesto respecto a los primeros. Tomo un desvío a la izquierda y llego sucesivamente al tercer y cuarto punto de observación. En el cuarto encuentro a varios observadores con cámaras largas, en completo silencio. No me detengo demasiado para no interferir, así que regreso a la pista principal.
No tarda en aparecer un punto de información que advierte de un tramo en mal estado. Parece resultado de un desbordamiento reciente de la laguna. El aviso es algo confuso, ya que no prohíbe el paso, pero señala que el firme no está en condiciones y que la responsabilidad recae en el caminante. Interpreto que se refieren a este sector en épocas de crecida o para personas que no estén habituadas a caminar por senderos irregulares. A los pocos minutos llego al motivo probable del aviso: el vadeo de un pequeño arroyo mediante pisaderas. Hoy el nivel del agua es muy bajo y paso sin ninguna dificultad. Imagino que, con más caudal, este punto puede ser problemático para carritos, bicicletas o quienes no se sientan cómodos con pasos estrechos sobre agua.
Superado este tramo aparece otro punto de información similar, que confirma el final de esa zona delicada. Desde allí retomo la pista hasta llegar a un nuevo desvío a la izquierda, que conduce al quinto observatorio de aves. Este se encuentra en la zona norte de la laguna, en un punto que permite una vista amplia. Lo visito unos minutos y vuelvo al camino principal para tomar un sendero a la derecha que sube hacia un mirador del río Jarama. La subida es corta, pero al llegar descubro que la vegetación lo cubre casi por completo. Apenas se ve nada más que ramas, así que la parada resulta prescindible.
Regreso de nuevo a la pista, avanzando recto hacia el inicio del tramo circular, que emerge sin complicaciones. El camino final discurre suave y sin desniveles significativos hasta cerrar la ruta completa. El recorrido total alcanza 7,18 kilómetros, con un desnivel prácticamente inapreciable, que se hace tranquilamente en unas dos horas.
La senda, más allá de sus características paisajísticas y de fauna, representa también un ejemplo del valor ecológico del este de Madrid y del propio cauce del Jarama. En una zona que durante décadas sufrió presiones industriales, urbanísticas y extractivas, estos espacios restaurados y protegidos recuerdan la importancia de mantener corredores verdes continuos que conecten diferentes ecosistemas. La presencia de humedales permanentes, sotos bien conservados, riberas restauradas y puntos de observación de aves permite comprender cómo una gestión adecuada puede transformar antiguas zonas degradadas en refugios naturales de alto valor, esenciales para la biodiversidad del área metropolitana y para el equilibrio ecológico del entorno del Jarama. Las intervenciones realizadas en el Soto de las Juntas, como la creación de islas y canales interiores en la laguna, no solo aportan mejoras paisajísticas, sino que multiplican las oportunidades de cría y refugio para aves, anfibios y mamíferos semiacuáticos. Este conjunto forma parte de un corredor biológico que ayuda a mantener la continuidad ecológica entre Rivas Vaciamadrid, Velilla y otros núcleos del Parque Regional del Sureste.
En conjunto, la ruta destaca por su sencillez técnica, aunque requiere atención en algunos desvíos, y por su variedad ambiental. Resulta especialmente recomendable en otoño, cuando las hojas caídas cubren los caminos y la humedad acentúa los colores de la vegetación, y en primavera, cuando la actividad de las aves es especialmente intensa. El Soto de las Juntas ofrece un recorrido accesible y completo para quienes buscan un paseo con contenido natural, paisajístico y educativo.
