Adjunto el mapa y el vínculo a Wikiloc
Retomamos otro tramo del proyecto de recorrer la Senda Litoral de Málaga, enlazando etapas y comprobando sobre el terreno cómo se materializa —o se interrumpe— este gran eje peatonal junto al mar. Comenzamos donde lo habíamos dejado un par de días antes, en Fuengirola, en la parte final del Paseo Marítimo de Torreblanca. Arrancamos en la zona de Los Boliches, dentro del área de Torreblanca, con el paseo marítimo aún tranquilo a primera hora. Fuengirola despierta poco a poco. El mar está en calma y pasamos junto a las letras de Fuengirola, situadas junto al espigón donde dimpos por finalizada la etapa previa.
Continuamos hacia la Playa de Carvajal, un tramo especialmente largo y rectilíneo que permite avanzar con buen ritmo. El paseo marítimo está bien acondicionado, ancho y cómodo, y el entorno resulta agradable pese a la evidente urbanización. A lo largo de este tramo se aprecia claramente el carácter turístico de la Costa del Sol, con edificios residenciales y hoteles muy próximos a la línea de playa. Al fondo ya se intuyen los límites municipales y el cambio de escenario que vendrá después. Cruzamos el Arroyo del Higuerón por una pasarela, punto en el que se produce un ligero cambio de contexto: dejamos momentáneamente el paseo marítimo clásico y continuamos por una senda más pegada a la playa, con arena y tramos menos intervenidos.
En este punto abandonamos el término municipal de Fuengirola y entramos en Benalmádena. Seguimos avanzando por la Playa de Carvajal, y llegamos a la Fuente de la Fortuna y Salud, situada aproximadamente en el kilómetro 2,4. Aquí giramos a la izquierda y subimos unas escaleras que nos llevan a la parte superior. Existe una senda junto a la playa, pero no conecta por el otro lado, lo que obliga a ganar altura. Este tipo de discontinuidades es una constante en este tramo de la Senda Litoral.
A partir de aquí caminamos por la acera de la Avenida del Sol, que utilizaremos durante un buen tramo en aquellos puntos donde no es posible avanzar junto al mar. No es la opción más agradable, pero permite salvar cortes y zonas privadas. Pasamos junto al Monumento de Los Elefantes, con la Senda discurriendo paralela a la avenida. Más adelante pasamos junto a las playas de La Morena y La Perla, alternando tramos de acera con otros más abiertos, y comenzamos a ganar algo de altura, lo que nos regala buenos miradores naturales sobre la costa.
Entramos en la zona de Torremuelle, desde donde se obtiene una amplia panorámica de la Costa del Sol. Nos detenemos brevemente en un mirador, con vistas claras sobre La Perla y Torremuelle. Poco después tomamos un desvío a la derecha, dejando la Avenida del Sol para subir hacia la Torre Vigía. La Torre Muelle o Torre Vigía es un punto destacado del recorrido, tanto por su valor histórico como por su función como mirador natural. Desde aquí se obtienen vistas amplias sobre las costas de Fuengirola y Benalmádena, así como hacia Arroyo de la Miel. Es una antigua torre defensiva costera, construida en el siglo XVI para vigilar la costa frente a ataques piratas. Situada sobre un promontorio, ofrece amplias vistas del litoral y formaba parte del sistema de torres de vigilancia del Reino de Granada.
Rodeamos el istmo por la Avenida de la Torre y enlazamos de nuevo con el Paseo Marítimo de Torremuelle. Volvemos a caminar junto al mar, ahora por la Playa Arroyo Hondo, y alcanzamos la Playa Bonita, situada alrededor del kilómetro 5,3. Este tramo resulta especialmente agradable, con una combinación equilibrada de sendero, paseo y playa abierta. Continuamos por la Playa Bonita y la Playa Malibú, donde giramos a la izquierda para seguir de nuevo por la Avenida del Sol.
Llegamos a la Playa de la Viborilla, una cala rodeada por las rocas situada en torno al kilómetro 5,7. El entorno es más natural, con vegetación y formaciones rocosas que rompen la continuidad urbana. Desde aquí alcanzamos otro mirador de la Costa del Sol, en la zona de Torrequebrada, y poco después pasamos junto a la Playa nudista Benalnatura, aproximadamente en el kilómetro 6 de la ruta.
Seguimos avanzando por la zona de Torrequebrada, pasando por otro mirador elevado y descendiendo hacia la Playa Las Yucas, situada alrededor del kilómetro 6,6. En este punto nos encontramos con uno de los problemas recurrentes de la Senda Litoral: el paseo o senda está cerrado con un mensaje de peligro. Damos un rodeo por la Avenida del Sol. En rutas ya realizadas en 2023 este tramo estaba igualmente cortado, lo que indica que el cierre va para largo y evidencia la dificultad de mantener un itinerario continuo junto al mar en un entorno tan presionado urbanísticamente.
Tras el rodeo, giramos a la derecha y bajamos de nuevo hacia el Paseo Marítimo, retomando la senda junto al mar. Seguimos por el Paseo Marítimo de Benalmádena y atravesamos la Playa de Torrequebrada y la Playa Torre Vigía, alcanzando este último punto en torno al kilómetro 7,7. En esta zona llama la atención la presencia de múltiples símbolos y espacios de culto en la roca, desde una virgen hasta un buda, acompañados de numerosos mensajes. Es un lugar peculiar, que refleja la diversidad cultural y espiritual de la zona.
Continuamos hacia la Playa de Las Verdas, aproximadamente en el kilómetro 8,5, y más adelante llegamos a la Playa de Bil Bil. El Paseo Marítimo de Benalmádena, ya convertido en la Avenida de Antonio Machado, se hace más amplio y urbano. Pasamos junto al Castillo Bil Bil, situado alrededor del kilómetro 9,5. Es un edificio de estilo neoárabe construido a finales de los años treinta del siglo XX. Inspirado en la arquitectura islámica andalusí, destaca por sus arcos de herradura, azulejos y torres decorativas. Fue residencia privada y actualmente funciona como espacio cultural, acogiendo exposiciones, conciertos y actos públicos. Su ubicación frente al mar lo convierte en uno de los símbolos más reconocibles del litoral de Benalmádena.
Continuamos hacia la Playa de Santa Ana, en torno al kilómetro 10. Aquí hacemos una parada para picar algo en un chiringuito del paseo marítimo, aprovechando el buen tiempo y la ubicación privilegiada junto al mar.
Tras el descanso retomamos la marcha, pasando junto a cortados y una pequeña gruta junto al sendero, antes de llegar a la Playa de Malapesquera, situada aproximadamente en el kilómetro 11. Poco después alcanzamos el Puerto de Torre Bermeja, donde se encuentra el acuario Sea Life. El puerto resulta espectacular, casi como un parque temático, con un ambiente muy animado incluso en estas fechas. Llegamos a la Torre Vigía Bermeja, y continuamos hacia Punta del Saltillo, donde destaca la noria gigante junto a Torre Bermeja.
Seguimos por la Playa de la Fuente de la Salud y, casi sin darnos cuenta, entramos ya en el término municipal de Torremolinos. Pasamos junto al Homenaje al pescador del Mediterráneo, situado aproximadamente en el kilómetro 13, y más adelante junto a la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen,. Continuamos junto a la playa la Carihuela durante un buen rato.
Desde aquí disfrutamos de un mirador con vistas a las playas de la Carihuela y del Bajondillo. A partir de este punto dejamos definitivamente la Senda Litoral y nos internamos en el casco antiguo de Torremolinos. El cambio de ambiente es notable: calles más estrechas, comercios, bares y un ritmo claramente urbano. Pasamos por la Iglesia de San Miguel, en la zona de la Torre del Molino, un lugar con marcado carácter religioso e histórico, y continuamos hasta la estación de tren de Torremolinos, donde damos por finalizada la ruta. El tren de cercanías nos permite regresar cómodamente al punto de inicio, cerrando así una jornada lineal sin necesidad de logística adicional.
Más allá del recorrido concreto, esta etapa de la Senda Litoral de Málaga invita a reflexionar sobre lo que supone este proyecto para la Costa del Sol. Por un lado, ofrece la posibilidad de recorrer a pie grandes tramos del litoral, conectando municipios y playas, y facilitando una forma diferente de conocer la costa. Por otro, pone de manifiesto las dificultades para mantener un itinerario continuo en un territorio sometido a una enorme presión urbanística. Resulta triste comprobar cómo zonas de gran valor ecológico y paisajístico han sido transformadas o directamente destruidas por la construcción, dejando tramos fragmentados, paseos interrumpidos y desvíos forzados por carreteras. Caminar por aquí es, al mismo tiempo, disfrutar del mar y constatar las consecuencias de décadas de desarrollo poco sensible con el entorno.
