Ruta 270 - Circular invernal por el Cerro de la Sevillana, la Peña del Arcipreste de Hita y apeadero de Tablada desde Alto del León

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Fecha: 31 de enero de 2026

1 persona a pie

Distancia: 8,73 km

Desnivel positivo: 345 m

Dificultad técnica: Moderado

Desnivel negativo: 345 m

Altitud máxima: 1.555 m

Altitud mínima: 1.273 m

Tipo de ruta: Circular: 

Tiempo en movimiento: 2 horas 27 minutos

Tiempo: 2 horas 53 minutos


La finalidad de la ruta es realizar un recorrido invernal sencillo por el entorno del Alto del León que permita disfrutar de la Sierra de Guadarrama nevada, combinando sendas históricas, patrimonio cultural ligado al Arcipreste de Hita y vestigios de la Guerra Civil, para comprender el territorio como un espacio natural y humano a la vez, ideal para caminar con calma, despejar la mente y observar la sierra en condiciones invernales.





Adjunto el vínculo a Wikiloc y mapa de la ruta:


https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/circular-invernal-por-el-cerro-de-la-sevillana-la-pena-del-arcipreste-de-hita-y-apeadero-de-tablada-248821167#wp-248821168




Salí desde el aparcamiento del Alto del León en una mañana invernal, con el suelo helado y una capa de nieve asentada cubriendo todo el entorno. El puerto aparecía tranquilo a primera hora. Crucé la N-VI junto al Monumento del León, un punto muy reconocible que marca este paso histórico entre Madrid y Segovia. Nada más cruzar la carretera atravesé una portilla y enlacé con el GR-10, que sería mi referencia inicial.




El sendero aparecía en gran parte oculto bajo la nieve, y las marcas blancas y rojas estaban tapadas salvo alguna excepción, así que durante los primeros metros avancé apoyándome más en la memoria del trazado que en la señalización visible. Siempre junto a la valla, el camino me fue conduciendo hacia el Cerro de la Sevillana. A los pocos minutos apareció el antiguo puesto de mando del cerro, completamente cubierto por la nieve. Este tipo de estructuras, hoy integradas en el paisaje, recuerdan el papel estratégico que tuvo esta zona durante la Guerra Civil, cuando la sierra fue frente activo durante meses. Continué siguiendo el GR-10, atento a no perder el itinerario, hasta alcanzar el Cerro de la Sevillana, a apenas 400 metros del inicio. En la cima se conservan vestigios de aquella época, restos de trincheras y posiciones defensivas que permiten entender la dureza de la vida en altura durante el conflicto.




Un poco más adelante alcancé el búnker de La Sevillana, situado aproximadamente en el primer kilómetro. Se trata de una construcción defensiva de hormigón armado, levantada durante la Guerra Civil como parte del sistema de fortificaciones que protegían el control del Alto del León, un paso clave entre ambas mesetas. Estos búnkeres, hoy silenciosos y parcialmente integrados en el terreno, forman parte del patrimonio histórico de la sierra y ayudan a contextualizar el paisaje más allá de su valor natural. Tras dejar atrás el búnker llegué al Collado de la Sevillana, en torno al kilómetro 1,3, un punto abierto donde el viento se dejaba notar con más fuerza.




Desde el collado continué hacia el Mirador del Arcipreste de Hita, alcanzado alrededor del segundo kilómetro, aunque la visibilidad estaba condicionada por la luz invernal y había bastante nubosidad. Poco después llegué al Collado del Arcipreste y, a continuación, a la Peña del Arcipreste de Hita. Este enclave es uno de los puntos con mayor carga cultural del recorrido. La peña es un espacio natural protegido y Monumento Natural de Interés Nacional, declarado en 1930 a petición de la Real Academia Española para conmemorar los seis siglos del Libro de buen amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. La tradición sitúa en estas sierras algunos de los episodios narrados en la obra, donde el autor describe sus viajes, encuentros con pastores y el paisaje serrano, convirtiendo este lugar en un símbolo del vínculo entre literatura, territorio y memoria.




Junto a la peña se encuentra el monumento al Arcipreste de Hita, integrado en el roquedo granítico y rodeado de pinos y enebros. El entorno invita a detenerse y observar con calma, no tanto por la amplitud de las vistas como por el peso histórico y cultural del lugar. Desde aquí descendí hacia la Fuente de Aldara, siguiendo la senda que conecta la peña con el entorno inmediato. Este tramo forma parte de la senda tradicional que parte de la N-VI y que, tras unos primeros metros por pista y un sendero señalizado, asciende hasta este punto. La fuente aparecía rodeada de nieve, con el agua brotando limpia y constante, y marcaba un cambio de ritmo en la ruta, ya en descenso suave.




Continué hasta la Fuente de la Piedra. Desde aquí giré a la derecha por pista, enlazando con el PRM-30, conocido como el Camino de los Lomitos. Avancé recto, cruzando un cortafuegos que rompía momentáneamente la continuidad del bosque, y poco después giré a la izquierda para incorporarme al Cordel de Valladolid, formando parte de la Senda del Arcipreste.




En este tramo apareció el punto de información de la Senda del Arcipreste, con referencias a la vida pastoril tradicional y al uso histórico de estas vías pecuarias. Este camino resume bien la importancia de las sendas históricas de la Sierra de Guadarrama, utilizadas durante siglos para la trashumancia y como vías de comunicación entre ambas mesetas. La figura del Arcipreste de Hita sirve aquí como hilo conductor para entender la relación entre paisaje, literatura y cultura popular, y cómo estos caminos han sido escenario de tránsito, trabajo y relatos mucho antes de convertirse en rutas senderistas.




Más adelante atravesé una zona vallada, donde fue necesario localizar un punto de acceso en donde habían quitado la alambrada. Giré a la izquierda por la Calle de la Estación de Tablada, rodeando el albergue de Tablada hasta llegar al apeadero de tren. Este lugar, hoy casi olvidado, recuerda la importancia que tuvo el ferrocarril en la articulación de la sierra. Crucé las vías por el paso habilitado y seguí a la derecha. A continuación tomé la Calle Cantina en dirección a la Nacional VI, caminando unos metros junto a la carretera, siempre detrás de los quitamiedos, hasta encontrar el punto adecuado para cruzar.




Tras cruzar la N-VI, subí por la Calle Tablada y atravesé una portilla que da acceso a una vía pecuaria. Aquí enlacé con el Camino de las Hondillas, girando a la derecha. El entorno volvía a cerrarse con pinos y matorral bajo, y la nieve, aunque más pisada, seguía presente. Alcancé la Fuente de las Hondillas en torno al séptimo kilómetro, otro punto clásico del recorrido, donde el agua contrastaba con el frío ambiente.




Desde la fuente continué a la derecha por la pista que une Peguerinos con el Puerto del León. En este tramo empecé a cruzarme con muchas familias que habían subido a disfrutar de la nieve, lo que marcaba un cambio claro respecto a la soledad de la primera parte de la ruta. Poco después apareció otro búnker de la Guerra Civil, en torno al kilómetro 8, recordando de nuevo el pasado bélico de esta sierra. A continuación pasé junto al punto de información de las rutas de los Álamos Blancos y Cabeza Líjar, bien señalizado y muy frecuentado los fines de semana.




Tras atravesar una nueva portilla en dirección al Puerto del León, pasé junto a las antenas de instalaciones militares, visibles desde lejos y muy características de este entorno. Un último búnker, identificado como refugio de tropa, cerraba el recorrido histórico antes de regresar al aparcamiento del puerto, junto al asador. Allí terminé esta cortita pero bonita ruta circular invernal.




Se trata de un itinerario sencillo pero muy completo, que permite combinar paisaje invernal, historia reciente, patrimonio cultural y sendas tradicionales de la Sierra de Guadarrama. La Senda del Arcipreste y los caminos que la rodean ayudan a entender la sierra no solo como un espacio natural, sino como un territorio vivido, transitado y narrado durante siglos, donde literatura, pastoreo, guerra y ocio actual se superponen de forma continua.

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