Fecha: 24 de enero de 2026
1 persona a pie
Distancia: 10,4 km
Desnivel positivo: 674 m
Dificultad técnica: Moderado
Desnivel negativo: 674 m
Altitud máxima: 1.754 m
Altitud mínima: 1.072 m
Tipo de ruta: Circular
Tiempo en movimiento: 3 horas 19 minutos
Tiempo: 4 horas
La finalidad de la ruta es disfrutar de una ascensión invernal a Abantos, recorriendo sendas clásicas del entorno de San Lorenzo de El Escorial por el monte nevado, enlazar miradores naturales y hacer cima en Abantos, para regresar por la vertiente que da all valle, y disfrutar de los espectaculares miradores al Monasterio.
Adjunto mapa y vínculo a Wikiloc:
Salí desde el parking del Embalse del Romeral en una mañana la que las previsiones anunciaban frío, sobre todo en las cotas altas. Había nevado durante la noche y, aunque al inicio el cielo aparecía todavía cerrado, se intuía que la jornada iría cambiando con el paso de las horas. Comencé caminando por la calle Carlos Ruiz en dirección a la presa, y tomé el desvío que enlaza con el Camino del Silencio, punto en el que la nieve ya cubría de forma continua el terreno.
El Camino del Silencio discurre junto a la presa del Romeral. Tras cruzar la puerta que nos aleja de la presa, atravesé la pista y seguí recto. En este tramo se solapa con el Camino de los Tesoros de Abantos. Aquí el trazado es evidente y cómodo, ideal para disfrutar de caminar sobre nieve pisada. En un cruce tomé la desviación a la derecha, siguiendo el Camino del Silencio, mientras que a la izquierda quedaba la opción de la senda de los Tesoros de Abantos.
Al poco alcancé la Fuente de Santiago Arroyo, aproximadamente en el primer kilómetro de la ruta. Desde aquí continué hasta cruzar la carretera de Peguerinos a El Escorial. A continuación, entré en la parte baja del Hayedo Escondido, un tramo especialmente atractivo en invierno. Las hayas, ya sin hojas, aparecían cubiertas de nieve, creando un paisaje limpio, casi monocromático, en el que el trazado del sendero se intuía más que se veía.
El camino me condujo hasta el Mirador de los Alerces, en torno al kilómetro 1,4. Desde aquí las vistas se abrían tímidamente permitiendo intuir la amplitud del entorno de Abantos. Continué pasando cerca de la pequeña cueva refugio, que siempre resulta un punto de referencia en esta subida. A partir de aquí entré en la parte alta del Hayedo Escondido, enlazando con el Camino de los Gallegos. A lo lejos se intuía la Fuente del Trampalón, pero requería un desvío que hoy no tocaba, así que seguí de frente con las hayas desnudas y la nieve cubriéndolo todo.
Cerca del Puerto de Malagón giré a la derecha y seguí unos metros por la carretera de Peguerinos a El Escorial, apenas el tiempo justo para enlazar con la siguiente senda. De nuevo a la derecha tomé la senda de La Lápida, y poco después un nuevo desvío a la derecha me llevó en dirección a la Cruz de Rubens. Antes de llegar fue necesario vadear un arroyo que confluye con el Arroyo del Romeral.
Alcancé la Cruz de Rubens o del Despeñadero, en torno al kilómetro 3. Había llegado pronto y la neblina todavía cubría buena parte del paisaje, aunque poco a poco el cielo comenzaba a abrirse. Permanecí lo justo y desde aquí retomé la pista, disfrutando de una panorámica cada vez más clara de San Lorenzo de El Escorial, con el Monasterio y la Casita de Abantos como referencias inconfundibles.
Más adelante volví a vadear el Arroyo del Romeral (esta vez el principal). A lo lejos se intuía la Fuente del Cerbunal, alrededor del kilómetro 4, pero de nuevo quedaba fuera del trazado directo, así que continué sin desviarme. Giré a la izquierda para iniciar el ascenso hasta lo alto del cordal, que me lleva a la altura del muro de Felipe II en la parte final del Cordal de Abantos por el GR10, con pendiente constante y nieve más profunda.
Llegué al Alto de Abantos, a 1.753 metros, alrededor del kilómetro 5. El vértice geodésico y la cruz marcaban la cima, hoy completamente solitaria. El frío y el viento eran intensos, así que no me entretuve. Este punto resume bien lo que supone Abantos dentro de la Sierra de Guadarrama y para San Lorenzo de El Escorial: una montaña accesible pero exigente, muy frecuentada, que actúa como balcón natural sobre el entorno del Monasterio y como transición entre el piedemonte y las cumbres más abiertas de la sierra. Sus sendas, bien trazadas y mantenidas, permiten disfrutar del monte en cualquier época del año, y en invierno ofrecen una experiencia distinta, más austera y directa.
Inicié el descenso por una senda bajo el pinar, ya todo en bajada hasta el final de la ruta. A partir de este punto el ambiente cambió por completo: empecé a cruzarme con muchísima gente. Es un monte muy popular y, con la nieve y el sol asomando, era lógico encontrar numerosos senderistas. Alcancé una panorámica clara de San Lorenzo y tomé la senda de Despegue (con vistas espectaculares del valle de San Lorenzo de El Escorial).
La senda de Despegue atraviesa una amplia zona de pinares por la Solana de Enmedio y La Jurisdicción. Aquí el sol ya pegaba con fuerza y la nieve comenzaba a transformarse. La escena era muy distinta a la de la mañana: el sol derretía la nieve, los árboles soltaban bloques que caían al suelo y en el camino empezaba a abrirse una franja de tierra húmeda.
Seguí unos metros por la carretera de Peguerinos a El Escorial, pasando junto al desvío hacia la Cruz del Niño Pedrín, en torno al kilómetro 8, que hoy dejé de lado. Giré a la izquierda para seguir por el GR-10, también conocido como Camino de Abantos durante estos tramos, y atravesé una puerta giratoria antes de llegar a la Cascada del Romeral, alrededor del kilómetro 9 de la ruta. La cascada bajaba con fuerza, alimentada por el deshielo.
En lugar de regresar por el sendero de los Tesoros de Abantos, que me habría devuelto por el mismo camino de la subida, opté por rodear el embalse por la otra orilla. Tras cruzar otra puerta giratoria, regresé por el lado opuesto del Embalse del Romeral, siguiendo la senda que lo bordea. Pasé junto a la Fuente de la Teja, en el kilómetro 9.
Dejé atrás el punto de información de la Ruta de los Pinares de Abantos y seguí por la carretera de la presa hasta el Mirador del Embalse del Romeral, en torno al kilómetro 10. Aquí la única pega es que, aunque se pasa muy cerca del embalse, ambos lados no están bien conectados de forma ágil, lo que obliga a salir a calles y dar un pequeño rodeo para volver casi al mismo sitio. Pasé por la Fuente de la Bola y seguí por la calle Fuente de la Bola, que me llevó de nuevo, todo recto, a la avenida Carlos Ruiz, cerrando así esta ruta circular de poco más 10 kilómetros, con 674 metros de desnivel positivo.
