Ruta 267 - Invernal por el Valle de la Jarosa, por la Cascada de la Chorrera, Cerro de los Álamos Blancos y Cerro del Cebo de los Lobos

0

Fecha: 17 de enero de 2026

1 persona a pie

Distancia: 12,15 km

Desnivel positivo: 430 m

Desnivel negativo: 430 m

Altitud máxima: 1.500 m

Altitud mínima: 1.088 m

Tipo de ruta: Circular

Tiempo en movimiento: 3 horas 32 minutos

Tiempo: 4 horas 6 minutos


La finalidad de esta ruta es recorrer el Valle de la Jarosa en condiciones invernales, combinando naturaleza, historia y sendas tradicionales. enlazando elementos patrimoniales, vestigios de la Guerra Civil y enclaves naturales como la Cascada de la Chorrera o los cerros de los Álamos Blancos y del Cebo de los Lobos, disfrutando de una experiencia solitaria, segura y representativa de la Sierra de Guadarrama en invierno.



Adjunto el mapa y el vínculo a Wikiloc:


https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/invernal-por-el-valle-de-la-jarosa-por-la-cascada-de-la-chorrera-cerro-de-los-alamos-blancos-y-cerr-247358028




Salgo a primera hora desde el Parking Jarosa II (La Jarosa, Guadarrama), junto a la Ermita de San Macario, y la certeza de que ha nevado. El valle aparece cubierto por una capa uniforme de blanco. Arranco caminando hacia el Embalse de la Jarosa, cruzando primero por la puerta de acceso. Bordeo el embalse hasta llegar junto a la presa. En este proceso supero el primer vadeo del Arroyo de la Jarosa, que hoy baja con un caudal moderado. Al poco, paso junto a las ruinas de la Ermita de San Macario, que son lo que queda en pie de un templo histórico ligado a la aldea de La Herrería del Berrueco, un asentamiento medieval que quedó abandonado antes de ser inundado para construir el embalse en 1968.




Sigo bordeando el embalse hasta situarme junto a la presa, alcanzando el Mirador Presa, aunque las vistas hoy están muy limitadas por la nubosidad y la nieve. No se ve el cordal de Abantos ni la Cruz de la Basílica. Paso por la puerta de acceso al embalse y salgo brevemente a la Carretera de la Jarosa, junto a la presa. Giro a la izquierda, dirección Cenarrubio, y comienzo un tramo algo más abierto, donde la carretera se intuye bajo la nieve, pero no resulta molesta por la escasa presencia de vehículos.




Abandono pronto el asfalto para internarme en los pinares, rodeando el Cerro de la Viña. Llego al cruce de las Conejeras y continúo por la Vereda del Agua, un trazado histórico que recorre buena parte del valle y que durante siglos ha servido como vía de comunicación y aprovechamiento de los recursos hídricos. Alcanzo el punto de información de la Ruta de las Trincheras, donde confluyen varios itinerarios: la trilogía de la reforestación y la propia Vereda del Agua, que sigo en este tramo. Desde aquí se abren algunas vistas del Valle de la Jarosa, aunque hoy quedan muy atenuadas por la nevada. El panel informativo de la Vereda del Agua, situado en la zona de las trincheras, ayuda a contextualizar el recorrido y recuerda el papel que estas sendas tuvieron tanto en la gestión forestal como en episodios históricos más recientes. Poco después, giro a la izquierda y dejo momentáneamente la Vereda del Agua para dirigirme hacia la Cascada de la Chorrera.




La parte de la cascada hay que hacerla con cuidado, ya que va por senderitos que han sido tapados por la nieve, y hay que tirar de memoria. Cruzo el Arroyo de los Álamos Blancos mediante un vadeo sencillo, aunque resbaladizo por la nieve. El sonido del agua es más evidente aquí, y al avanzar unos metros aparece la parte baja de la Cascada de la Chorrera, señalizada en torno a los 3 km. La cascada presenta hoy un gran caudal. Continúo ascendiendo hasta la parte media de la cascada, dejando unas imágenes únicas.




Tras disfrutar del entorno de la cascada, retomo el camino hacia la izquierda para volver a enlazar con la Vereda del Agua. Paso junto a las ruinas de antiguas viviendas de resineros, testimonio de una actividad que marcó durante décadas la economía local y el uso del pinar. Poco después, vuelvo definitivamente a la Vereda del Agua, girando a la izquierda. A escasa distancia se encuentra la Fuente de la Chorrera, en torno a los 3km, parcialmente cubierta por la nieve.




Tomo el desvío por la senda de las Trincheras, adentrándome en una zona con restos bien visibles de la Guerra Civil. Aparecen los parapetos del bando nacional y un bunker vivienda, señalizados en torno a los 3,6 km. Las trincheras son vestigios de las fortificaciones construidas durante la Guerra Civil Española, en el contexto del Frente de Guadarrama. Estas posiciones defensivas incluyeron parapetos, zanjas excavadas y búnkeres usados como puestos de mando o refugio, destinados a asegurar el control de las laderas sobre el embalse y las vías de comunicación. Están señalizadas como parte de la denominada Ruta de las Trincheras y se integran en el bosque actual, aunque originalmente quedaron más expuestas al no existir el pinar que ahora las camufla.




Continúo girando a la izquierda en los cruces sucesivos, siguiendo siempre las indicaciones principales. Avanzo por una pista en la Solana de la Fuente de la Teja, manteniendo dirección recta en los siguientes cruces. Más adelante, me incorporo a la senda de los Álamos Blancos, bien señalizada con marcas verdes y blancas y un punto rosa. El trazado vuelve a internarse en el pinar, con una pendiente suave y constante. Llego al Pilón de la Gamonosa y, poco después, a la Fuente de la Gamonosa, situada en torno a los 6 km.




Sigo recto, siempre por el sendero de los Álamos Blancos, y cruzo el Arroyo de la Chorrera mediante otro vadeo sencillo. Poco después, giro a la derecha por una senda más discreta, camuflada entre pinares bajos, arbustos y la nieve. Esta incorporación es un tanto confusa incluso en verano, por el cambio de contexto del camino, así que con todo tapado con nieve, todavía más. Una vez identificado el sendero correcto, ya es sencillo. Este tramo conduce a un mirador natural del Valle de la Jarosa, aunque hoy no hay visibilidad alguna. Aun así, el lugar es un punto abierto, desde el que en condiciones normales se obtiene una buena panorámica del valle.




Continúo hasta alcanzar el Pino de la Pinosilla, un árbol singular situado en torno a los 7,5 km. Es enorme y anciano, y resulta fácil entender por qué ha sido catalogado como árbol singular. Muy cerca se encuentra la Fuente de la Pinosilla, y tras otro pequeño vadeo de un arroyo ocasional, entro en una zona de acebal, con su correspondiente punto de información, alrededor de los 8 km.




Sigo recto, siempre guiado por las marcas de la Senda de los Álamos Blancos, hasta llegar al fortín del Cerro de los Álamos Blancos. El ascenso final me conduce a la cumbre del Cerro de los Álamos Blancos, a 1.509 metros, aproximadamente en el kilómetro 8,1. El Cerro de los Álamos Blancos conserva numerosos vestigios de la Guerra Civil Española, correspondientes a posiciones defensivas republicanas en el frente de la Sierra de Guadarrama. En la colina se pueden ver restos de fortificaciones construidas con mampostería, troneras, nidos de ametralladoras, parapetos y refugios que aprovechaban la topografía rocosa para proteger a las tropas y vigilar el entorno. Estas estructuras forman parte de lo que fue una plaza fuerte avanzada del ejército republicano, aislada y dominando visualmente el valle y las comunicaciones, y hoy constituyen una muestra de arqueología contemporánea integrada en el bosque. Hoy el lugar está completamente cubierto de nieve y envuelto en una niebla espesa, lo que reduce la experiencia a lo esencial: el punto más alto de la ruta y el silencio absoluto del entorno.




Desde aquí inicio el descenso siguiendo una senda marcada con puntos rojos. En los primeros cruces giro a la izquierda en dos ocasiones (para acortar ligeramente la bajada campo a través, pero siguiendo la senda indicada se llegaría al mismo punto), siguiendo las indicaciones, y más adelante tomo una pista hacia la derecha. Poco después, vuelvo a girar a la izquierda en dirección al Cerro del Cebo de los Lobos. El ascenso es corto y sencillo, y pronto alcanzo la cumbre del Cerro del Cebo de los Lobos, a 1.395 metros, en torno a los 9 km.




En lo alto de la siguiente loma del cordal aparecen unas ruinas que no sabría identificar, situadas a unos 1.387 metros. Continúo hasta un cruce de caminos, donde sigo recto, manteniendo la dirección principal. Al llegar al collado de la Cuesta del Horcajo, giro a la derecha y tomo la senda que baja hacia la Ermita de San Macario. El descenso es cómodo, cruzo recto una pista y, tras unos minutos, reaparece la ermita, cerrando así el círculo de la ruta.




La ruta concluye de nuevo en la Ermita de San Macario, tras algo más de 12 kilómetros recorridos, con un desnivel positivo y negativo de 430 metros, una altitud máxima cercana a los 1.500 metros y un tiempo total de algo más de cuatro horas, de las cuales 3 horas y 32 minutos han sido en movimiento. Se trata de una ruta circular, de dificultad técnica moderada, muy adecuada incluso en condiciones invernales como las de hoy, siempre que se extremen las precauciones en los vadeos y en los tramos con nieve.

Entradas que pueden interesarte

Sin comentarios