Ruta 331 - Camino Lebaniego. Segunda etapa. Desde Cades hasta Cabañes

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Fecha: 21 de julio de 2026
3 personas a pie
Distancia: 32,03 km
Tipo de ruta: Solo ida
Desnivel positivo: 1.989 m
Desnivel negativo: 1.532 m
Altitud máxima: 836 m
Altitud mínima: 69 m
Dificultad: Moderado
Tiempo en movimiento: 9 horas 11 minutos
Tiempo: 10 horas 30 minutos

La segunda etapa del Camino Lebaniego nos lleva desde Cades hasta Cabañes, donde finalizamos la jornada en el Albergue de Cabañes tras una ruta de 32 kilómetros, con 2000 metros de desnivel positivo y 1.532 metros de descenso. Es una etapa exigente, tanto por la distancia como por el importante desnivel acumulado. A cambio del esfuerzo, probablemente sea la etapa más variada y atractiva de todo el recorrido, combinando patrimonio, carreteras tranquilas, grandes bosques y algunos de los paisajes más espectaculares del Camino Lebaniego.




El Camino Lebaniego es una histórica ruta de peregrinación que parte de San Vicente de la Barquera para dirigirse al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde se conserva el Lignum Crucis, considerado el mayor fragmento conservado de la cruz de Cristo. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2015, está señalizado con la Cruz de San Fernando de color rojo y atraviesa algunos de los rincones más representativos del occidente de Cantabria, entre los valles del Nansa y Liébana. En nuestro caso, decidimos afrontarlo en tres etapas, siendo esta la que podemos considerar "reina".

Adjunto vínculo de Wikiloc y mapa en 3D

https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/camino-lebaniego-segunda-etapa-desde-cades-hasta-cabanes-275290850




A su vez, la etapa puede dividirse claramente en tres partes muy diferentes. La primera, desde Cades hasta Cicera, discurre durante unos 18 kilómetros principalmente por carreteras secundarias muy tranquilas. La segunda, entre Cicera y Lebeña, atraviesa algunos de los mejores bosques del recorrido, con hayedos, robledales y castañares de enorme belleza. Finalmente, el tercer tramo nos conduce desde Lebeña hasta Cabañes siguiendo una variante oficiosa del camino que nos recomendaron por resultar mucho más atractiva que el itinerario señalizado, gracias a la espectacular senda fluvial del río Rubejo.




Comenzamos la jornada junto a la Casona del Nansa, en Bielva, en donde pasamos la noche. Enseguida alcanzamos el Puente del Arrudo. Lo cruzamos para continuar por la carretera CA-856, hasta llegar al desvío hacia Cades, en donde nos reincorporamos al Camino Lebaniego, junto a la conocida Ferrería de Cades, uno de los conjuntos preindustriales mejor conservados de Cantabria. Nosotros seguimos recto en dirección a Sobrelapeña.




Poco después alcanzamos el Mirador de la Palombera, un excelente balcón natural desde el que contemplamos el punto donde confluyen los ríos Lamasón y Nansa, con amplias vistas sobre Arenas y La Herrería. Continuamos acompañando el curso del río Lamasón, pasando junto a Venta Fresnedo, donde encontramos una fuente operativa ideal para reponer agua. A medida que avanzamos aparecen magníficas vistas sobre la garganta del Lamasón, que nos acompañan durante varios kilómetros. Junto a la carretera también encontramos un pequeño altar cristiano antes de girar a la derecha por la CA-282 en dirección a Sobrelapeña y La Hermida.




Atravesamos Sobrelapeña, donde existe otra fuente operativa, y poco después llegamos a Lafuente. Allí merece una parada la Iglesia de Santa Juliana, uno de los mejores ejemplos del románico rural de Cantabria. Construida a finales del siglo XII y declarada Bien de Interés Cultural, conserva una elegante portada con arquivoltas decoradas, un ábside semicircular y una magnífica colección de canecillos y capiteles esculpidos con motivos geométricos, vegetales y figurativos, manteniendo intacta su integración en el paisaje del valle.




Antes de abandonar Lafuente dejamos la carretera para tomar una dura rampa ascendente que permite acortar el recorrido. La subida exige esfuerzo, aunque pronto recompensa con buenas vistas sobre el pueblo y el valle del río Lamasón. Alcanzamos Burió, donde encontramos otra fuente operativa, y continuamos por un camino pavimentado destinado principalmente al uso agrícola y ganadero. Tras cruzar una portilla para el ganado volvemos a incorporarnos a la CA-282 a la altura de Los Pumares.




Durante este tramo comienzan a aparecer las primeras vistas abiertas hacia los Picos de Europa. Finalmente abandonamos el asfalto en el Collado de la Hoz para tomar una senda de tierra. Giramos hacia Cicera descendiendo por la conocida Cuesta de las Navas, desde donde obtenemos una excelente panorámica del pueblo y del valle de Peñarrubia. Poco a poco nos aproximamos a Cicera, pasando junto a una portilla y al punto de información del Camino Lebaniego.




Cicera es una de las localidades de referencia para quienes realizan el Camino Lebaniego en cuatro etapas y constituye un excelente lugar para descansar. Encontramos un restaurante frecuentado por peregrinos, una fuente y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Este templo barroco, construido entre los siglos XVII y XVIII, destaca por su sólida fábrica de piedra, su portada de medio punto decorada con casetones, la torre campanario añadida posteriormente y un interesante interior con bóveda de crucería estrellada y un retablo churrigueresco que alberga imágenes de notable valor artístico.




A partir de aquí comienza, en nuestra opinión, la parte más espectacular de toda la etapa. Dejamos atrás el pueblo y nos internamos en el bosque atravesando el valle de Peñarrubia. Pasamos junto a la Ermita de las Ánimas y comenzamos a caminar entre enormes castaños centenarios, robles y hayas. El sendero atraviesa algunos de los bosques mejor conservados de Cantabria, donde abundan ejemplares de gran porte y, en temporada, una enorme variedad de setas. Entre ellas también se encuentra la amanita phalloides, considerada la seta que provoca más fallecimientos por intoxicación, por lo que conviene recordar que nunca debe recogerse ninguna especie sin conocimientos suficientes.




La ruta continúa atravesando el Hayedo de la Cueva Copalia y el Canal de Francos antes de afrontar la subida hacia Mesa de Pan, siempre protegidos por un espeso bosque. Alcanzamos el límite entre Peñarrubia y Liébana y continuamos por la Cuesta Matilla, con vistas hacia el Pico del Valle. Más adelante pasamos por Beres, donde existe una fuente-pilón actualmente no operativa, y alcanzamos el Collado de Arcedón. Desde aquí disfrutamos de una de las panorámicas más completas sobre el valle de Lebeña antes de iniciar el descenso por pista hasta el pueblo.




En el descenso atravesamos el Encinar de Marte, junto a un enebro de gran tamaño, pasando por los Invernales de Lebeña y la zona conocida como El Pando. Ya en Lebeña encontramos una fuente antes de visitar la Iglesia de Santa María de Lebeña, auténtica joya del arte mozárabe construida hacia el año 924. Sus característicos arcos de herradura, los alfices y los capiteles de influencia andalusí la convierten en uno de los monumentos más importantes de Cantabria. En su interior se conserva además una destacada talla gótica de la Virgen de la Buena Leche.




Desde Lebeña cruzamos el puente sobre el río Deva para llegar a Allende. En este punto decidimos seguir una variante oficiosa del Camino Lebaniego que nos habían recomendado y que resulta mucho más agradable que el itinerario oficial en este tramo. Caminamos hasta alcanzar la senda fluvial del río Rubejo, cruzando el puente sobre este río para recorrer uno de los rincones más sorprendentes de la jornada. El sendero avanza junto al agua entre un bosque muy cerrado, pasando continuamente junto a pozas, pequeñas cascadas y numerosas chorreras que convierten este tramo en un auténtico espectáculo natural.




Tras abandonar la senda fluvial afrontamos el ascenso final hacia Cabañes, donde enlazamos de nuevo con la variante superior del Camino Lebaniego. Los últimos metros permiten disfrutar de excelentes vistas sobre el valle antes de alcanzar el Albergue de Cabañes, situado a unos 550 metros de altitud. Este refugio, muy conocido entre peregrinos y montañeros, ofrece unas magníficas panorámicas sobre Liébana y constituye un excelente lugar para finalizar la etapa antes de afrontar la jornada definitiva hacia Santo Toribio. Desde su terraza, y tras la cena, observamos el atardecer en Peña Ventosa.




Con esta segunda etapa completamos probablemente el tramo más completo del Camino Lebaniego. Una jornada larga y físicamente exigente, pero muy variada, que combina patrimonio románico y mozárabe, tranquilos pueblos de montaña, magníficos bosques de hayas, robles y castaños, espectaculares miradores y una preciosa senda fluvial que convierte los últimos kilómetros en un magnífico final de etapa.




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